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Después de los inocentes esfuerzos de hacer películas con el proyector de Grafo Film, el próximo paso no podía ser otro que realizar una película “verdadera”. Esto debía hacerse con una filmadora de 8mm., que tampoco era factible para mí de comprar, era un sueño que sólo pude cumplir cuando obtuve un trabajo ya graduado de farmacéutico en 1960. Sangre en el Congo fue rápidamente planeada para ser filmada durante nuestras vacaciones en el Campamento Vida Sana en Quintero, más exactamente en Ventana, entonces un idílico lugar, una caleta de pescadores donde la refinería de cobre que después arruinaría toda la zona era sólo un mal recuerdo del futuro. Parece que el amigo que tenía acceso a una filmadora que tampoco era suya, era Saúl Treizman, quien actuó en la primera parte de Sangre en el Congo, filmada en Ventana. Su argumento era elemental, y ahora lo veo como muy ligado al estilo de caídas, golpes y porrazos de las historietas del Valle del Ensueño. El comienzo de Sangre en el Congo era toda una obra maestra del absurdo: después del cartel del título, pintarrajeado por mí, se leía LLEGAN LOS TRES RUFIANES A LA COSTA DE AFRICA PERSEGUIDOS POR EL POLICÍA. Los tres rufianes salían entonces de las olas de la playa de Ventana e inmediatamente detrás emergía —como Venus de las ondas— el policía, disparando tiros al aire (teníamos una pistola de fulminante que emitía algo de humo). No se sabía cómo habían llegado ahí los rufianes y el policía, probablemente nadando o en condición de náufragos. Los tres rufianes eran actuados por Charly Schidlow, David Cockbaine (un muchacho mayor que nosotros a quien conocimos en el campamento de Vida Sana) y Saúl Treizman, que en la segunda parte, filmada en Champa cerca de Paine, fue reemplazado por Ernesto “Chulo” Fernández, compañero de Farmacia. El elenco se completaba con el policía, actuado por un chico más joven que nosotros —del cual recuerdo sólo el nombre, Pato (Patricio)— y conmigo, que personificaba al detective Chelo Come. Este personaje (que después también aparecería en Los sabios de1962) era el más loco y surreal de todos, porque siempre andaba con una lupa escudriñando el suelo hasta en medio de la manigua. Charly usaba una barba enorme, espectacular, que habíamos confeccionado pegando en un género por ambos lados, mechones de lana de oveja nagra sacadas pacientemente de la lana de los colchones de la casa, donde al parecer habían participado muchas ovejas descarriadas. Esta barba nos sirvió por largo tiempo, en representaciones teatrales de la escuela de Farmacia y hasta en Los sabios. Sangre en el Congo quedó interrumpida con nuestro regreso a Santiago después del veraneo, además porque se veló el segundo rollo de película. El montaje no existía como posibilidad técnica para nosotros, así que debía de filmarse exactamente todo en secuencia, incluyendo los carteles, que los mismos actores sostenían. Por lo mismo, si una escena se perdía , se perdía todo. Se trabajaba entonces, con una “profesionalidad” fruto de lo paupérrimo de nuestro equipo técnico. La segunda parte de Sangre en el Congo se filmó en Champa, cerca de la parcela de mis tíos en Paine. A la troupe de Quintero (con el Chulo Fernández reemplazando a Saúl) se agregaron otros amigos, también conocidos en Vida Sana, Gerardo Cabello (recuerdo el nombre porque quedamos amigos hasta unos años después) y Sergio. Estos últimos, con mis primos de Paine, Carlitos y Roberto, debían personificar a un grupo de caníbales que capturaba a los rufianes (mientras el policía escapaba aterrado, nadando en el estero de Champa)y los ataba a un árbol con intenciones evidentemente gastronómicas, performando alrededor una danza ritual. Pero el detective Chelo Come llegaba a rescatarlos, mientras los caníbales salían huyendo a la desbandada, habiendo perdido al parecer su ferocidad. El detective conminaba a los rufianes a darse presos, pero Charly se le abalanzaba en un impresionante zoom de su rostro y barba. Ambos peleaban y el detective resultaba muerto de un palo a la cabeza propinado por David. Chelo Come moría disparatadamente, como era su destino, rodando en círculo por el suelo y haciendo tijeras con las piernas del mismo modo en que lo hacían Shemp y Curly de los Tres Chiflados. La película terminaba con los rufianes alejándose y saludando a la cámara, asegurada su impunidad aunque no su vida, como al Innombrable. Algunos gestos del detective Chelo Come serían después repetidos por el Cura Loco en Nosferatu, pero sin intención deliberada. Hay unos quince años de diferencia entre Sangre en el Congo y Nosferatu, y el abismo que los separa también los une, como mis historietas del Valle del Ensueño se continúan en la literatura y la pintura de cincuenta años más tarde. El 2006 se cumplirá medio siglo de la filmación de Sangre en el Congo, cuyo único copión se perdió después de 1973. Lo que se muestra aquí son algunas tomas que se salvaron del rollo velado filmado en Ventana. |
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