CLAVELITO CHINO , CHINO



...............................................................................................Love is blind...
...............................................................................................Jon Hendricks


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E
lla era libre de moverse entre dos altos edificios. Era libre, además, de anhelar un puesto en las mejores instituciones. Pero ella siempre daba dos pasos consecutivos: uno hacia adelante, otro hacia un costado, imprevisible sin vuelta. Y en ese lado del mundo alguien siempre perdía un ojo.

....Era hermosa y sutil. Tenía una espalda que recién nacía, los huesos largos y quebradizos y muy recios, por decir lo menos. Tenía senos de virgen, no obstante haber sido tres veces madre: el marido y las dos hijuelas. Parecía que nadie había mamado nunca de esos senos. Ningún infante, al menos.

....Teníamos una promesa delante: la próxima primavera, hecho posible. Ser libres antes de cualquier otoño: era una idea entre tantas. Porque éramos dos hermosos prisioneros de una idea, de un vacío, de una acción que no era tal: era precisamente la inmovilidad total, el silencio, la muerte vestida de almirante .

....También de lo que creíamos justo: ése era el final de la torre. En esos días bebía conmigo chocolate espeso en el "Pimpilimpausha", con churros que parecían maná de los dioses a nuestras manos enlazadas, porque su persona occidental buscaba mi calor: eran los mejores días. Las manos se desvestían entonces, para buscarse y estrujarse como amantes en un lecho. Eramos libres para fijar horas o minutos a cualquier tarea. También lo estábamos, para cerrar los interruptores. Así, corríamos hacia El Arrayán o regresábamos a los negocios donde vendían hermosas chucherías, y nos fuimos perdiendo el uno en el otro. Nos encerrábamos por cuenta propia en un auto pequeño y blanco, para no ser devorados vivos, pero aun así el interior —que todos los sábados yo hacía limpiar escrupulosamente en la bomba Copec de Plaza los Guindos— se llenaba de polillas (que son mis amigas) y de panfletos (que son mis enemigos). Sin embargo, ése era el único sitio seguro de todo el mundo, allí nuestra vida no corría peligro. Entonces me descubría su nuca bellísima, para que yo la midiera con los labios, la cogiera como un nudo blanco que nos desata la carencia fundamental de la palabra. Y yo le acercaba los ojos, para que me los midiera. Además, traíamos libros y discos, para no olvidar que éramos náufragos de la poesía, sin quererlo ni buscarlo: "Balada para un loco", Hair , el concierto de Elvira Madigan, y nos encerrábamos a develar sus significados: craso error. Porque todo eso puede muy bien venir de otro planeta o de otro espacio, o de otra vida y otra muerte, pero el amor hace visible al menos una parte, una cara de ese universo tornasol (cómo se reirá Rosamel del Valle en la estrella donde ahora vive, al ver que le estoy robando sus palabras) y salíamos sobre todo a conversar la gran ciudad, ese hormiguero de termites encorbatadas donde nacimos sin que nos mereciera, y eramos pájaros de escasa circulación diurna: 26 de junio: "Drive In Charles".

....Solo éramos libres en cuanto a que amábamos las mismas cosas y ésto a lo mejor lo confundimos con el amor del uno por el otro, que en esos días grises del mundo era otra cosa: era, por ejemplo, poner una cala en el traste de la esposa parapléjica y luego acostarse a dormir un sueño poblado con los años en que ella era una jeune fille en fleur y tronaba el cañón en Abisinia y no había esos zaparrastras clavándose jeringas en las esquinas (han pasado ya treinta años, mi viejo Belcebú) lo que sugiere este silogismo: el mísero drogado que vende la heroína al detalle para procurársela a su vez, trabaja para y es protegido por el boss que la vende al por mayor, que a su vez es protegido por el senador democristiano, que a su vez es protegido por el Papa. En consecuencia, el Santo Padre protege y fomenta el comercio de la droga pesada.

....Como éstas, las de entonces no eran sino certezas a mitad y por lo mismo buscábamos ese resquicio del tiempo en la jaula dorada, para escapar por dos o tres minutos. Y entonces nos besábamos para buscar mejor ese pensamiento y lo encontrábamos en el increíble fuego que detiene a los otros fuegos. Pero no había otras llaves. Estábamos libres —o yo lo estaba— para escribir este reportaje, el artículo sobre tan desgraciado amor para enviarlo al Journal of Love Biophysics , en el mundo presente, o bien en un diario que circulará cuando la tierra retorne al paraíso y no antes, a condición de olvidar inmediatamente las palabras y esconder las partituras. Y en sueños cambiábamos de disfraz: tú eras gitana, yo profesor de química. Creer que eso era un abismo, cuando en realidad era una montaña aguda: en ese traspié caímos. Tampoco sabíamos que era una montaña de azúcar —el pilón de azúcar de nuestros abuelos— y podía ser disuelta por lo tanto con nuestra saliva, lamiéndola o disolviéndola en un largo beso.

....Y las fotografías nos delataban, y el sueño y los silencios oportunos e inoportunos. Nos perseguíamos en auto, sin importar las nefastas consecuencias a los frenos, al aceite, al cometa Morehouse, etc., y una vez por un beso a ojos cerrados caímos con auto y todo en un canal color chocolate, esta vez muy frío y de inquietante olor, pero el sabor del beso era mejor que toda la pudrición del mundo y de una época entera. Al lado, justamente, había un túnel, símbolo del progreso urbano. Y para no olvidar que estábamos dentro de un bello envoltorio de carne y terribles sueños, comíamos lechugas romanas recién nacidas en el Norte Chico y calugas escocesas originadas en Providencia, tomábamos jugo de naranja con pisco para alcanzar ese mínimo de lucidez necesario, imprescindible para levitar en el abismo donde, abajo, nadaban seguros de sí mismos Kraken el pulpo descomunal, el horror de Dunwich y el académico Rodolfo Oroz, bestias de ese calibre; caminábamos por calles con tres filas de ciruelos floridos y esto fue antes de todo, antes de saber, mucho antes de presentir, mucho antes todavía que ese incierto despertar. Ibas desnuda, hermosa a la manera huidobriana, y esto ya es decirlo todo ( toda mujer desnuda es una Reina, toda Reina desnuda es una mujer ) con flor de carne ausente bajo el vestido amarillo y los calzoncitos negros de encaje español: la calle Pocuro en primavera anticipada, sólo para nosotros. Es la prueba de que el universo, el big-bang estaba de nuestra parte, ya que no el ojo calvinista de Dios, que nos hacía feas zancadillas, como una tía cualquiera tuya.

....Pero en realidad sólo éramos libres para decir no: la realidad de los ombligos ajenos nos cercaba. Eramos también algo así como esclavos de los parentescos, de las mandíbulas de los otros que masticaban, de los Superyós. Sin embargo, hasta nuestros apellidos pugnaron por acercarse en el Zodíaco: las estrellas tuyas y mías son las mejores de todas. En esos momentos tu espalda se curvaba, tu cabecita un poco inclinada hacia no sé donde, indefensa. Entonces, para amarte mejor —¿por qué tendrá que pasarme siempre a mí?— yo desaparecía de la escena. Me convertía en una pura risa que brilla en el aire, un gato de Cheshire más bien criollo, nativo del Austro.

....Jugábamos a los cíclopes, como la Maga con Horacio —¿por qué no, si después de todo eras una mujer surrealista?— y nos mirábamos a gusto el fondo del cerebro y éramos felices de sabernos tan iguales, porque los sueños se sostienen en la carne y la carne no existe sin los sueños que le dan corporeidad y la vuelven visible, así como el fondo oscuro hace visible el relámpago y el silencio hace posible el trueno. Saber que hay alguien por ahí que se nos parece sin ser gato o volantín que se fue cortado. El mundo se defendía de nosotros cruelmente; nos atacaba con sus jugos gástricos, con súplicas, con veladas amenazas judiciales de conducta escandalosa y sus sombrías consecuencias para las hembras latinoamericanas, pero también con bendiciones de último minuto. Y finalmente con nuestros propios rostros con máscaras del carnaval veneciano —nada menos— para confundirnos. Las sagradas opiniones de cada cual, las conclusiones basadas en nuestra experiencia —que era inexistente, después de todo— la madurez que nos sobrepasaba —otra presunción: nos faltaba por lo menos tres catástrofes nacionales para alcanzarla— como si nuestra sombra fuese más grande que el cuerpo y oscureciese el mundo.

....El futuro era una pasarela en movimiento donde nuestros cuerpos se enlazaban en un abrazo desesperado, pero nuestros fantasmas o cuerpos astrales o auras o lo que sea (el nombre —esencial en nuestras regiones infantiles— ahora no tenía importancia: estas realidades son, precisamente, innombrables) se alejaban definitivamente y ese hecho —innegable, físico, palpable hasta por un ciego, sordo y mudo, menos para uno enfermo de amor— provocaba un vacío en la carne, una caída de todos los cometas a la tierra: una manga de langostas. Era una escalera mecánica sin peldaños donde tú, arriba, me hacías señas ininteligibles en el lenguaje de las banderolas con tu vestido amarillo que te habías quitado por esa única vez y ya demasiado tarde , mientras mi cuerpo rodaba hacia abajo en una caída más que contundente: ello me produjo heridas cortantes que dejaron cicatrices que llevo todavía, que llevaré siempre. Cuando ahora —diez años después— mi hijo me pregunta por esos signos en el dorso de las manos y en los antebrazos, le digo que fue un león, que metí la mano en la jaula del león en el zoológico del cerro de Santiago, y eso los niñitos buenos deben tratar de no hacerlo, aunque ciertamente no se trata de maldad, sino de boludez extrema el meter la mano en la abierta tarasca del león. Tengo también una gata que lame mis cicatrices con una lengua tan áspera que me recuerda que nada es gratuito, ni fácil, ni imprevisto. Que te ganas la papa, así como la risa, con el sudor de tus labios y con la siembra de tu propia sonrisa seca al sol. Una flor de nomeolvides nace cada año de esas llagas, que desaparecen al contacto de la lengua de los animales: suelen ser mejores que la homeopatía.

....Eramos libres además —entonces, no ahora— para abrir las ventanas que daban a un patio interior, para solicitar y obtener certificados, para efectuar visitas de cortesía. Todo eso era parte del karma que debemos evacuar, no sabemos bien por dónde, ni cómo ni cuándo. Pero nos prometimos encontrarnos en Venecia, Barcelona o San Gimignano, en algún sitio adecuado para fugitivos de una cierta clase, cierto pedigree.

....Es muy posible que te ame hasta el regreso del cometa Halley en 1986 —¿dato fidedigno?— a la tierra, justamente. Escuchando las canciones de Serrat, buscando hongos oreja-de-oso en los troncos podridos en el humus allá en la isla Fresia para escribir en ellos poemas locos, declaraciones anticipadas del amor que llegaría unos meses más tarde, una descripción somera de nuestra materia experimentada in vitro.

....Todavía nos quedaban unos minutos y viajábamos hacia el este y el oeste, y esa tarde me regalaste la cordillera con todos sus rosados fantasmas todavía por nacer, y también ese beso, para mi cumpleaños. Nuestros nombres propios ¿recuerdas? Ese peso detrás del cerebro, de la nuca. Y los hermosos pensamientos que nos regalamos e intercambiamos, los giros del idioma que pertenecen al otro, respectivamente. Nuestros paseos dulces, manos en las cinturas, como sobrevivientes que éramos, de épocas impuras, de Inquisiciones inmundas (en ese mismo momento, por citar un ejemplo del mundo desarrollado o simplemente desenrollado, los pololitos de doce años hacían directamente el amor mientras el príncipe de la calavera —más cercano a nosotros— se alejaba a nado rumbo a su castillo al otro lado del estrecho) siempre con el miedo atrás, miedo de las sombras autorizadas para llevar sombrero en la cabeza . Estábamos a medio morir por culpa de lo amado. También a medio vivir, por la misma causa.

 

....Nos alegrábamos de saberlo.

 

....Era un día como cualquier otro pero de pronto la ciudad se quedó vacía. Te saludaron todos los que permanecíamos acá, en el subdesarrollo y sus malas memorias, en justa calidad de insectos, pero me diste el regalo —¡cómo no agradecértelo!— de pronunciar mi nombre, el último de todos, en nuestro mundo de picaflores, volcanes y tontos graves. Y ellos ya te empujaban —los tontos más graves— a partir, mientras los picaflores hacían barra por nuestro amor ya desde ese momento indestructible por metafórico, y los volcanes permanecían indiferentes, seguros de sí mismos en su volcánica dignidad. Todos los patriotas de la mejor calidad en plaza te empujaban a la loza donde el avión rugía como Lucifer con un ataque de asma, despertando en un Hotel de la cadena Hilton. Alguien decidió despertarnos también a nosotros o sea hacernos caer en medio del más profundo sueño, junto al Soldado Desconocido, junto a las Bestias Cívicas y también junto a nuestros compañeros de trabajo: cómo no concederles algo de gloria a esos chuscos pedantes de la ciencia...

....Y dije: Vallejo, Lautrèamont y tú también viejo Michaux que ahora parodio desvergonzadamente, mis queridos genios ¿por qué me habéis abandonado?... Yo estaba dispuesto a dar lo mejor de mí, sólo requería un empujoncito, como conviene a todo suramericano de la costa pacífica". Pero el libro, es decir nuestra historia que ahora te cuento, se alcanzó a terminar estando yo vivo (como los enamorados de siempre, yo vivía gracias a tu presencia) y fue después que lo pasé a limpio. Y tan bien preparados que nos habían traído al mundo, casi para genios. Pero falló el país natal, entre otras cosas, el Hemisferio en el sentido de las latitudes. Fuimos fijosdalgo, siempre de algo que no fue, pero pudo ser.

....Y tan felices fuimos, pese a todo, en los ojos de mosca del amor, facetados, en sus pies con las famosas botas de siete leguas que saltan todas las fronteras y todas las riberas acuáticas o terrestres. Aunque anduviéramos —las más veces— más tristes que el tema de Lara tocado por el Orfeón de Carabineros: todo fue más bello que las muecas de un ángel degollado.

....Y además ellos habían fletado ese avión inmenso y negro que rodaba ya, los motores hirviendo como el volcán Tupungato en sus años mozos, para llevarte muy lejos, como convenía a la ODEPLAN, a la CEPAL, la AID, a todo este Hemisferio (en el sentido de las longitudes). Hijo del tango, mi reina Guinevère, nieto de la lluvia, como los renacuajos. Y soñando persistentemente, y atreviéndose a confirmar todos esos sueños, al menos en el kinetoscopio del cerebelo donde todo puede ocurrir, inclusive que vuelva a correr el Flecha del Sur por nuevos rieles rumbo a Osorno y nosotros felices en un departamento reservado y comprando en Chillán sustancias y alfajores a las viejitas de delantales blancos —en el reino de los fantasmas no hay lavanderías, aunque deberían ser el único negocio útil— y el Caballo de los Sueños alce otra vez su vuelo entre los aromos rubios de los campos de Loncoche, porque se conserva el calor, la sonrisa: algo tan propio de energúmenos de buena leche. Después de todo no conservarás, lo sé, mi gesto del mentón estirado —que se estiraba por tu causa, en todo caso— ni las palabras que buscan y encadenan: sólo se recobra lo que dimos por perdido para siempre, sin trucos ni falsas retiradas. Recordarás mejor esa vez que, para alegrarte, te canté esa cancioncilla del año de la cocoa que dice

...clavelito chino chino

que dudái de la existencia e'Dios

no seái existencialista

por lo más que querái vos

¿verdad de Dios?... que sí...

 

poniéndome los ojitos tilantes y mandándome también su bailecito estilo Fred Astaire última época, quiero decir con el resuello corto, sobre una mesa de tu casa ya vacía y con los muebles embalados como extrañas presencias mastodónticas o fantasmas ya muy cansados de andar por ahí asustando inocentes.

....Con esto, una sola cosa quería decirte: mira que el futuro ya está caducado y nosotros con él y aun así, ni la mitad está dicha, la mitad de lo decible, la mitad de lo posible entre dos que se aman o que se amaron. La mitad de la palabra que no hemos dicho ni tú ni yo, ni nadie dirá y que nuestras bocas jamás pronunciarán, ésa es ya tuya sin que haya pasado por mi cuerpo ni la haya besado mi sombra, ni haya tocado un sólo latido de la víscera que nos bombea sangre y muerte (porque la vida es una herencia llegada de un golpe, un forfait ): mi ternura de cavernito visceral se va en esa mitad innombrable, indecible, imposible, pero acaso más verdadera que las cositas ricas que no alcanzamos a hacer por falta de tiempo, de panita y por exceso de buena educación, y sobre todo más real que la risa sardónica del esqueleto de tu abuelo visto al pasar en la ventana del avión que te llevaba en vuelo directo a Disneylandia.

 

....Todo lo que ya está fuera de ti y de mí nos pertenece para siempre.

 

....Santiago , agosto de 1970


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