ADDIO ALLA MAMMA (1)

 

....El duque de Mantova se pavoneaba sobre las mancilladas tablas del Cariola: giraba y a cada giro aparecía el boquete chamuscado de su capa: medio metro de circunferencia que habían teorizado y puesto en práctica los ratones de la guardarropía del teatro Municipal que prestaba ésa y otras miserias (los cantantes estrella y los coros de cuatro gatos, etc.) como abriendo un ojo posterior que se carcajeaba de todos los presentes, desde las viejas de las primeras filas de platea baja que aún no se resignaban a esa degradante excursión a los barrios vinosos más allá de la Alameda y también de nosotros —se burlaba el hoyo, repito— estudiantes del último año del liceo que habíamos ganado la posibilidad de adquirir una cultura "rotunda y definitiva", para citar las palabras de la Ministra de Educación doña Clarisa Monardes, inaugurando sus programas de extensión, los primeros de nuestra Historia.
Todo cuajaba esa noche: habíamos cambiado el gallinero pulgoso del Municipal por una ubicación menos rasca en la primera fila de la platea alta del Cariola —teatro de medio pelo pero más frecuentemente fumigado de tánax— donde hasta podíamos alargar las piernas y así mamarnos de frentón el Rigoletto.



....Y me fui internando por via della Croce entre boutiques y galerías de arte y el olor de las castañas asadas —se acercaba ésa, la primera navidad del exilio— hacia el centro del mundo del café, del color ocre y naranja de los tugurios más caros y refinados del mundo, donde circulan las hembras de mejor calidad y en ciertas calles como via Belsiana a mediodía el tufo a sexo es capaz de tumbar un caballo en pleno invierno, en ese corazón hueco e insustancial y tal vez sólo por ello eterno de Roma, en la peor dimensión y lugar donde un solitario pueda salir a estirar sus huesos y orear su alma, a exhibir sus tibias cruzadas en el sol oblicuo de diciembre donde ese olor a castañas asadas te rompe los esquemas, esto es, la bufonada de la ternura gratuita, la facha del romántico revolucionario manqué y el dolor insoportable en los cojones.

 

 

....Estaban los líricos de siempre: yo, el negro Ayacaguaca (que se llamaba simplemente Estrada), Rembalsky (llamado Remba porque a nosotros chilenos nos gusta acortar las palabras) y el Guatón Morales, recién llegado al Liceo como en préstamo de la Escuela Militar por la cual manifestaba una nostalgia irresistible y al menos comparable con su afición a la ópera, y que lo llevaría a reincidir en el futuro. Entretanto, se ensayaba con una cuchilla a resorte que se divertía en abrir de improviso y lanzarla delante de nuestras narices contra el pizarrón que muy luego quedó cubierto de extrañas heridas.
....Yo, como el poeta del cuarteto, no era demasiado maltratado de acto o de palabra por esta vaga culpa, quizás porque resultábamos un grupo anómalo para la época y lugar, donde las pretensiones culturales solían al menos camuflar la brutalidad que había debajo, la mala leche, las espinillas del alma o simplemente la repetitiva vacuidad latinoamericana, el páramo de la vida y la cultura, para usar gordas palabras u otras menos pesadas: el alma priva de referencias o coordenadas.

 

 

....Después hacia la plaza del Panteón, cruzando el paralelo 38 que es la via del Corso bajo el sol desleído y las miradas como de lagartos de tres carabinieri de turno en Montecitorio, entrando en la penumbra por el lado de via della Guglia y saliendo a una plaza llena de gringos y japoneses gastando ordenadamente sus yens que tonificaban el aire romano y caminando yo por fin hacia la piazza Navona, centro de los dolores privados y públicos y palacio —su pavimento— de todos los desheredados del mundo donde el agua de la fuente de los Cuatro Ríos recuerda que existe América Latina (uno de los ríos es el de la Plata) hasta en medio de todo el clasicismo desperdiciado, de todo ese barroco apabullante para el rostro morenito y pausado.

 

 

....Mientras Rigoletto se iba aproximando a su fin, el público y sobre todo los iniciados esperábamos una sola cosa: el momento en que Genaro Monroy lanzaría vestido de curcuncho su la maldichioooooone final: todos sabíamos que representaría también el momento culminante de su arte, que no era canora propiamente tal, sino de gallo: los momentos, pasajes y notas sostenidas en que el canto deja de ser una línea regular para convertirse en algo imprevisible y ésa era el arte suprema de Monroy: el gallo a veces se anunciaba con una interrupción brevísima del sonido, una trizadura en su piel (y esto era lo más apreciado) como un vaso que la acústica despedazaba en todo el teatro al mismo tiempo, un vaso invisible y extraño rompiéndose de a poco y en un crescendo maravillosamente combinado que resultaba un remoto competidor del entonces desconocido Stockhausen (2) en la finisterre de Santiago de Chile y que se resolvía en los sonidos más pavorosos que puedan salir de garganta humana: una especie de ulular de licántropo, una bocina ahogada en kerosén, un fagot desatado en imprecaciones, una tuba que agoniza, el mugido de un búfalo en celo y todo esto mientras Monroy parecía fijar sólo a nuestro cuarteto, porque en realidad sus ojos bizqueaban recorriendo círculos que se centraban en la mitad de la platea como diciendo: pobre del que se ría o lo manifieste abiertamente haciendo un comentario en voz alta, yo lo esperaré a la salida entre un bache y otro de la calle San Diego y se dará allí el duelo final como en una de Sergio Leone (a quien faltaban diez años para nacer a la vida pública, pero Monroy lo sabía todo desde siempre) y así el espantoso gallo se arrastraba y se alargaba como un verme sonoro y la orquesta no sabía qué hacer con esos minutos aleatorios y tenía que parar hasta que todo se resolviera en modo natural. El mismo Monroy parecía en trance: sus gallos no sólo eran un arte propio sino la revelación de alguna divinidad precolombina que se tomaba —como diría uno del Museo del Folklore— la revancha sobre la cultura europea y lo hacía bramar hasta cansarse. Así, ese gallo había cortado por la mitad la maldichione en la maaaal ... y al agotar su escabroso trayecto se resolvió en dichiooooone robándose la mitad de los esfuerzos que correspondían a la Compañía Lírica Nacional.

 

 

....Yo había sentido un golpe en la espalda cuando estaba observando a una pareja de turistas suecos o daneses, lampiños y con el color de los camarones hervidos (que bastaba apenas este sol, de diciembre para quemarlos a ellos hiperbóreos venidos de la Isla de Avalón) (3) y que llevaban unas mochilas como torres con toda clase de cazuelas, rollos de carpas y sacos de dormir que emergían por sobre las cabelleras tan rubias, tan lánguidas y lacias, y había sentido un y les falta el puro somier a los culiados ¿ no es verdad mi amor? con el vozarrón de la Gorda Maravillosa, que aprovechó para invitarme a un malón a su casa esa misma noche.

 

....Salimos prometiéndonos que el viernes próximo nos iría mucho mejor: daban juntos como es de rigor I Pagliacci con la Cavalleria Rusticana , programa doble que a última hora sería cambiado por la Tosca .

 

 

....E iba aproximándome a la casa de la Gorda Maravillosa en el Campo de' Fiori recordando como por acaso esas lejanas irrupciones líricas en la otra vida que para un chileno representa su pasado ahistórico y mentiroso y seguramente relacionándolo todo entre sí, porque ella precisamente había cantado esa Tosca memorable (cuando era la soprano Silvia Onfray con veinte años y treinta kilos de menos, la nueva estrellita de la ópera nacional) y siendo venezolana arranchada criolla en esa época, desde hacía poco compartía nuestra suerte exilada, el brillo opaco de la derrota que no se admite como tal, y estaba poco menos loca que una cabra de monte entre hippies y drogados y viendo todos los días al viejo Giordano Bruno (4) recibir la nutrición del sol y el insulto de los de la Autonomía, que le colgaban un tarrito en la mano.
.... La casa de la Gorda estaba —como siempre— llena de freaks posiblemente de Lotta Continua para la izquierda y de otros chilenos y latinoamericanos que yacían en los ponchos araucanos que la Gorda había traído en cantidades y había transformado en cojines resistentes a todos sus huéspedes.
.... Acomódese como pueda mi amor, haga como en su casa me dijo la Gorda Maravillosa desde el fondo de su soggiorno , con un vaso de pisco en la mano. Sobre la mesa había cinco botellas, de las cuales tres a medio vaciar, regalo de un amigo chileno de paso en Roma, ahí sentado a lo yoga con esfuerzo mortal y los zapatos puestos, bajo la alta y sólida protección de la ex soprano, y levantaba su vaso de pisco en círculo a medida que los huéspedes llegaban o se iban: barbudos tipo Bud Spencer o lolas deslumbrantes de cabeza leonina que habían saqueado (para vestirse a la hindú o a la cowboy) los mercados de la NATO y las bancarelas de la via Sannio. La mano de la Gorda acariciaba la calva del viejo, como tratando de cavarle un surco.

....Quiero decir que también se brindó por el poeta caído del catre.

 

 

....El Guatón Morales tuvo oportunidad de desquitarse líricamente en el calducho del viernes, celebrando el onomástico del profesor de inglés que se llamaba Aguirre pero todos le decían Hallulla porque cuando notaba mucho ruido en la clase decía “aquí hay mucha bu-ia”. Yo estaba parado sobre la mesa gritando ¡ Pero no ha llegado Hallulla! ¡ No ha llegado Hallulla! cuando veo palidecer a los otros, especialmente al Guatón que ya estaba ensayando el texto de “Vesti la giubba” y la mesa del profe estaba repleta de sanduchitos preparados por las buenas madres y también papayas y bilzes para celebrar dignamente al viejo.
....¡ Rechitar! Mentre preze deldelirio, nonsapiu cuel quedico, necuel que facho ... empezó el Guatón una vez que estábamos entonados con el ponche de bilzes y vino blanco (mezclado a escondidas, no se olvide que estamos en 1955 y que se trata de un Liceo Fiscal) y Bracamonte con su cara de cocodrilo se ahogó de la risa y escupió el ponche: Besti la yuba, e la facha in fariña... La yente paga eridecolecuaaaaaa... Y ese Arlequín (subrayó con el gesto: quería decir precisamente ése ) timbola Colombina, ridi Palyacho quioñún tiaplaudirá ...

 

 

....Todos estamos seguros de una cosa — dijo el viejo pelado —: la Junta no pasa de este año (las lolas de cabeza leonina y los barbudos se volvieron hacia él) y hay muchos indicios, indicios por ahora, pero yo diría bastante de-ci-do-res. Uno es la actitud de la Iglesia: cada día es más distante y eso es muy claro porque nos indica que el apoyo que inicialmente dieron a los golpistas ya está muy aflojado, como quien dice muy relajado. Baste ver las declaraciones del Cardenal Silva Henríquez: nadie se había atrevido a decir algo parecido. Y en la cara de los milicos, señores. En la misma cara. Estaban verdes: había que verlos. (La Gorda traducía en voz baja para los freaks vecinos). Ahora bien, también parece cierto que las diferencias entre los oficiales de las tres ramas del ejército son insalvables. Hay muchos que consideran al mismo Pinocho (y aquí vino la infaltable cita-aclaración collodiana: risas de los freaks ) muy blando, y quisieran mayor represión, mayor rigor. Y a su vez hay otros que no se resignan a traicionar la Constitución y —siempre son voces— estarían por alzarse. De estos se dice que son de tendencia democristiana, siempre dentro de las fuerzas armadas, lógicamente. Y ya que estamos hablando de democracia cristiana, tampoco los demos están nada de contentos con los milicos. Si el mismo Frei dicen que escribió un librito que no hemos podido leer. Porque en estas cosas nosotros estamos menos informados que ustedes que están afuera, para qué estamos con cuentos. Estamos en la To-tal De-sin-for-ma-ción. Todos los medios de comunicación de masa están controlados, censurados, todos. Si no fuera por la radio Moscú o la Habana, muchas cosas no se sabrían nunca. Pero dicen que los milicos ya han inventado como interferirlas, y parece que en esto andan metidos el Canal 13 con la Voice of America . Y parece que saben cómo detectar desde lejos la casa de los que están oyendo una radio prohibida. Así llegan y los pillan chanchitos. Dicen que el libro que escribió el Narigón es tremendo, demoledor sobre todo de la figura de Pinochet, pero lo único que yo digo es ¿ por qué no lo escribió antes?: porque creía que los milicos lo iban a poner en el sillón de O'Higgins a los tres meses del golpe. Pero le hicieron la tremenda tapa. Yo creo que son los roces internos entre las fuerzas armadas los que tienen al hombre por las cuerdas. O sea al Pinocho, no a Frei, que ése siempre tiene la teta pronta en los Yuesei. Otra cosa: también los camioneros están desconcertados: dicen que no ganan lo que merecían por su contribución a la caída de Allende. ¿ Y será verdad que no se suicidó? En Chile hay muchos que lo dudan, les diré ...

....(La Gorda dió un respingo).

 

 

....Tramuta in yoya tiasper in pianto, etuna esmorfia delsiñozo edeldoloooor... Ridi palyacho sircuandamor inpiantoooo... ¡ Ridi del duol epavenelaaaaa il cuooooor...!: los aplausos fueron atronadores. El Guatón estaba incandescente y rojo, tumefacto del esfuerzo. El viejo Hallulla aplaudió discretamente, porque no se resignaba a celebrar calducho en lugar de atormentarnos con la pronunciación del Hyawatha .

 

 

....El pelado estaba tranquilo y alzó otra vez la copa. Bebió un largo trago, para aclarar la garganta. Los barbuchos estaban inquietos y se removían como si los atormentara el piduye. La otra esperanza nuestra son las elecciones americanas. No nos engañemos: de ellos depende mucho, no sólo de nosotros. Ellos pusieron al Pinocho y ellos tendrán que sacarlo cuando vean que tampoco conviene a sus intereses. Porque el fracaso de la junta es evidente, pero nosotros mismos, la gente común y corriente, no vemos claramente la salida . Nuestro pueblo está quebrado en su alma. Van a pasar cincuenta años antes de que volvamos a ser los mismos. Y nunca volveremos a ser los mismos. Nadie tiene fe en nada, ni siquiera los mismos momios. Los milicos ven que todo se les escapa, que no tienen dedos para el piano, pero a estas alturas ya no pueden echarse para atrás. Y les gusta la teta que están mamando, eso se ve a la legua. Ya lo creo que les gusta: sueldos en dólares, repartija total de lo que va quedando por repartir, que no es mucho. Los yanquis se han dado cuenta, pero ellos le tienen miedo pánico ( paura subrayó la Gorda) a perder también la América Latina, la única colonia que les va quedando. Nuestra esperanza es que Ford pierda estas elecciones ya que el Yimi Carter parece ser una persona muy humana, que realmente y perdonando la expresión vulgar, va a sentar en el pelao al Pinocho (la Gorda Maravillosa casi se atragantó de risa, pero los freaks se quedaron colgados y fríos porque ella no se atrevió a traducir) y a Merino y a Leigh juntos, porque el tonto de Mendoza no cuenta, es el sirviente de los otros. (5) Vamos a poder recobrar la libertad que perdimos un poco por nuestra culpa también: sí pues, para qué vamos a cerrarnos los ojos. No supimos aprovechar la oportunidad que la Historia en persona nos estaba ofreciendo en bandeja. Nos la farreamos, eso es. Pero yo creo que de todos modos tenemos que ser optimistas, ya que la cosa no da para más. Se los recomiendo: vayan haciendo las maletas... (la Gorda, siempre riendo, le refregó la pelada como buscando la ecuación de su redondez, en un gesto nervioso que podía ser de reproche ante su desvergonzado optimismo típico de los que nunca han salido de la Copia Feliz del Edén y siguen midiéndolo todo por ese Mar que tranquilo te baña, y pensando que la Blanca Montaña nos fue dada como Baluarte por el Señor, suponiendo que la Gorda no tuviese la piel de gallina y creyese de verdad que la maldición del exilio había terminado y realmente el aire nacional se estaba abriendo para recibir a los hijos pródigos y sentarlos en la misma mesa —qué diablos, a todo hay que acostumbrarse— con los verdugos de otrora, hoy nuevamente compatriotas, hermanos a quienes ofrecer las mejillas arrepentidas y la espalda flexible ...).

 

 

....Y el casco del Barón Scarpia empezó a rodar sobre la mesa estilo Luis XVI bastardo como ésas que remataban en la casa Nicanor Marticorena y que se supone debía formar parte de su mobiliario del Palazzo Farnese. La soprano Silvia Onfray erguida en su metro ochenta de mujer herida estaba por apuñalarlo con una cimitarra de cartón piedra que había sacado de sus refajos y el casco romano empezaba a oscilar ya en el borde de la mesa. Todo el teatro había sido atrapado en ese vaivén oblicuo, en vez del drama de Tosca y cuando el barón cayó mortalmente herido, también se desplomó el casco de latón porque durante el forcejeo había empujado la mesa con el trasero. Provocó un estruendo de latas cantoras y se oyó una risa sofocada en hipo. Era Remba, que se ahogaba.

 

....Los freaks empezaron a correrse uno a uno. El optimismo bolsudo del pelado no calzaba con sus ansias parloteadas de revolución permanente y de tutto e subito . La cantidad de pisco que había ingurgitado el viejo era grande, por lo que pronto estuvo roncando sobre la moqueta.
.... Sentí que la Gorda Maravillosa me llamaba desde el baño. Estaba sumergida en espuma de Lima del Caribe que perfumaba todo el departamento y convidaba un poco aún a la noche afrodisíaca del Campo de' Fiori, donde los freaks se habían congregado una vez más a los pies del compagno Giordano Bruno y su infinita tolerancia. La Gorda estaba metida en la tina jabonándose los sobacos que conservaba rigurosamente depilados según la costumbre mondonovista que no admite la natural y deliciosa exhibición de esa sinopsis de la champita accesible a todos los mortales, como se usa en el viejo Mediterráneo. Al hacerlo, los morenos y pesados senos se alzaban de la espuma como pequeños cetáceos emergiendo y resoplando. ¿ Me jabona la espalda, mi amor? me dijo.

 

 

....Raúl Fabres o sea Mario Cavaradossi estaba en pie delante del pelotón de fusilamiento, que era magro: cuatro comparsas armadas de fusiles máuser dados de baja por el ejército apuntando temblorosas y a su lado la grande Silvia Onfray transida de la esperanza de ese fogueo y con ambas manos enlazadas a un lado del rostro redondo y empolvado, delante de un castillo pintado en un telón de género y que representaba cualquier cosa menos el Castel Sant'Angelo : más bien anticipaba a la gloriosa Disneyland: muchas torres irguiéndose largas hacia el cielo de nubes como otros tantos borregos caminando hacia el infinito y todos juntos —nosotros y ellos— esperando el guaracazo.
....Y el guaracazo llegó: ante los ojos despavoridos de Tosca el guatón Fabres resbaló en sus zapatitos de hebillas plateadas y con sus medias blancas de algodón y describiendo una parábola increíble en el aire, percibimos por un segundo su figura invertida y luego estrelló el cráneo con violencia inusitada sobre el entablado del Cariola, cubierto con veinte costras de polvo leve que el batatazo elevó hasta la platea alta haciendo sufrir mis narices ya por entonces alérgicas al polvo inmortal. Fabres quedó allí tirado exánime como un verdadero Cavaradossi con el corazón partido por la venganza ultratumbal, con un chichón que crecía a ojos vistas como en una de los Tres Chiflados, realmente inconsciente y la Gorda Maravillosa llorando en su pecho.
.... La más que austera pero ingeniosa escenografía preveía que Tosca se lanzara al foso de la orquesta en el tute final, donde había un colchón disimulado detrás del viejo de la tuba. Pero como Cavaradossi seguía muerto y bien muerto, los aplausos sólo vieron aparecer a una Gorda azorada delante de las cortinas siempre cerradas (Fabres sólo recobró el conocimiento en la asistencia pública) y el teatro casi se vino abajo.

 


....
Y yo estaba viajando en el tiempo como una pelota absurda hecha de remordimientos y autoconmiseración: era nuestra generación la culpable pero también la víctima, nuestra generación que fue cojín o amortiguador entre los viejos vampiros que desde cuando todos sabemos están devorándose nuestra sangre, aun aquélla que no era tal sino pensamiento y luz, y la de los más jóvenes, los cabritos que fueron los que realmente murieron en masa después del 11 de septiembre. Baste pensar que el pelotudo de Jorge Cañas era nuestro compañero de Liceo —pero él no asistía a la ópera: era serio como una tortuga doctorada desde esos lejanos días— y ahora se ha recibido de genio en el equipo de béisbol de Milton Friedman.
.... En Chile siempre se dice: dicen. O me dijeron. O todavía más vago: parece. Así por ejemplo dicen que el Negro Estrada está muerto, que era interventor en una industria y allí cayó (fue uno de los que no destiñeron); el Guatón Morales parece que volvió a la Escuela Militar en 1956 y con el advenimiento de la Nueva Era del Orden tenía el grado de Mayor y podemos afirmar que ya no usaba un pizarrón como blanco de sus cuchilladas; Rembalsky dicen que mucho tiempo antes de 1970 (cuando la mayoría de los pelagatos como él se iban a Miami) se había marchado a los USA, había revalidado su título de quimicointas y ahora está más hinchado que el sapo envidioso y hasta vive en el Sunset Boulevard como la viejita del Billy Wilder.

 


.... En fin, cada cual tiene lo que se merece, la vida es la gran niveladora, dicen los que tienen gato encerrado y yo, bueno, yo estaba solo esa vez viendo y escuchando I Pagliacci y la Cavalleria que llegaba a las batutas finales con el compadre Turiddu diciendo Mamma... Mamma... sentite, se io non tornassi ... y estaba bastante caliente no obstante las axilas peladas de la Gorda maravillosa, por sus tetas que todavía golpeaban y por lo que estaba más abajo y que la espuma de Lima del Caribe ocultaba, mientras le sobaba la espalda con mis dedos emputecidos por la lejanía y el sueño y ahora pasados esos largos minutos de la espera, más largos que ningún otro lapso para el que tiene los crisantemos en flor, sucedió que en un momento todos en la casa roncaron: dos freaks amorosamente enlazados en la escalera, el viejo sobre el piso y la Gorda Maravillosa en su cama, arrebujada en otras muchas mantas araucanas y chilotas convertidas en frazadas y con el rostro del Che Guevara arriba en otro afiche más, cansado de ser neutralizado hasta el infinito de ese modo, y un poster sicodélico del viejito Alberti y otro de la exposición de tejidos precolombinos en el Instituto Latinoamericano, entonces me dije tu hora parece haber llegado y completamente desnudo pero con mi orgullo muy en alto, muy enhiesto, me fui acercando a la cama de la vieja, que se había quedado dormida con un puchito de Nazionali en la mano y, para suerte suya, se le había apagado solo librándonos a todos de un fin a la Ingeborg Bachmann (6), con una diferencia: en esa casa había muchos bomberos con las mangueras preparadas. Me fui acercando a ella con cautela, levantando la manta y observando lo que sólo Mario Cavaradossi debió ver a su tiempo: los pechos aplastados, su barriga y flancos más que charchetudos, el matorral ya muy ralo (qué desilusión son a veces las negras: puras promesas, puras promesas) sus muslos como esponjas de mar y las babuchas de piel de conejo que no se había quitado para acostarse y sobre todo un olor a tabaco inmemorial pegado a su respiración, un olor a mujer viejita, de algo más que maduro y pasado y que nos abre en la conciencia un foro semejante al impacto de un grueso perdigón y por él todo huye a la manera del alma de los egipcios: en la forma de un pájaro que escapa al cielo.
.... Yo iba a marcharme, asustado de tanta ruina y de tantos años que también me embestían desde todos los ángulos del sucucho, con la herramienta en derrota, cuando ella despertó de su nube opaca y algo trajo luz a su cerebro, por lo menos esa luz primordial que la hembra percibe antes del asalto (veinte años antes en el Cariola se oyó un lamento que atronaba: ¡ Hanno ammazzato il compare Turiddu! ) y ella ni pestañeó, me quedó mirando un poco triste como diciendo nunca se termina de aprender en este mundo vaca y entonces, volviéndome las nalgas me dijo córrete chinche ...


Roma, julio de 1977.

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NOTAS DEL AUTOR

(1)  'Addio alla mamma' ganó el premio Internacional de Cuentos de la revista Hispamérica (mayo de 1978). Jurados: Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos y Mario Vargas Llosa (el de entonces).

(2)  Karlheinz Stockhausen (1928) compositor de vanguardia alemán de la llamada escuela de Frankfurt, los cuales experimentaron con nuevas concepciones del arte (el filósofo Umberto Eco estaba entre ellos) y específicamente con música electrónica y armonía atonal.

(3) Los hiperbóreos serían seres semi-mitológicos, que escritores como Louis Pauwels, Robert Charroux o Miguel Serrano a menudo asimilan a antepasados humanos de gran sabiduría, posiblemente alienígenas. Según leyendas celtas, en la Isla de Avalon vivían las almas más evolucionadas y benditas. Avalon también es mencionada en el ciclo legendario del rey Arturo y los caballeros de la Mesa redonda.

(4) Giordano Bruno (1548-1600), teólogo y filósofo italiano, cuyas concepciones en cosmología, aún más avanzadas que las de Copérnico o Galileo pues incluían la multiplicidad de mundos y de la vida, lo llevaron a la condena por la Inquisición. Fue quemado vivo en la plaza Campo de' Fiori de Roma.

(5) La Junta militar que derrocó al presidente constitucional Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, estaba formada por los comandantes de las tres ramas del ejército y de carabineros: el general Augusto Pinochet por el Ejército regular, el almirante José Toribio Merino por la Marina, el general de aviación Gustavo Leigh por la Fuerza Aérea y el general César Mendoza por el Cuerpo de Carabineros. Pinochet paulatinamente desplazó en el poder a los otros miembros de la Junta, para finamente autoproclamarse Presidente de la República.

(6) Poeta austríaca (1926-1973), muerta en Roma al quedarse dormida con una colilla encendida en la mano. Esta desgracia ocurrió poco después de llegar yo exilado a Roma, en diciembre 1973.


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